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Arequipa y el Cañón del Colca

Redacción · 09.08.2026

Arequipa está a 2.335 metros, mil menos que Cusco, lo que la convierte en una escala inteligente para aclimatarse. La ciudad se construyó con sillar, una piedra volcánica blanca que le da su luminosidad característica y su apodo. Al fondo de casi cualquier calle aparece el cono del Misti, con el Chachani y el Pichu Pichu al lado.

Santa Catalina

El monasterio de Santa Catalina es lo primero que hay que ver. No es un edificio: es una ciudadela amurallada de veinte mil metros cuadrados, con calles con nombre, plazas y cocinas, donde vivieron en clausura durante casi cuatro siglos las hijas de las familias criollas más ricas. Los muros están pintados en añil y almagre y la visita lleva al menos dos horas. Si puede, vaya en la última franja de la tarde, con la luz baja.

Cerca, el Museo Santuarios Andinos expone a Juanita, la momia de una niña sacrificada en la cumbre del Ampato hacia 1450 y conservada por el hielo, uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los Andes.

El Colca

El Cañón del Colca está a unas cuatro horas por carretera y alcanza más del doble de profundidad que el Gran Cañón. La ruta cruza la reserva de Salinas y Aguada Blanca, donde se ven vicuñas, y pasa por un mirador a 4.910 metros antes de bajar a Chivay.

El punto de referencia es la Cruz del Cóndor. A media mañana las térmicas empiezan a subir por las paredes del cañón y los cóndores andinos —tres metros de envergadura— salen a planear muy cerca del mirador. No está garantizado, pero en temporada seca es habitual. Conviene llegar antes de las ocho y media.

El valle está terrazado desde época preinca y sigue cultivándose. Los pueblos de Yanque, Maca y Cabanaconde conservan iglesias coloniales y un ritmo propio; desde Cabanaconde sale el descenso al Oasis de Sangalle, en el fondo del cañón, una caminata exigente de dos días. En Chivay hay aguas termales que se agradecen al volver.

La mesa arequipeña

Arequipa defiende su cocina con orgullo regional. En las picanterías se sirven el rocoto relleno, el adobo de cerdo de los domingos, el chupe de camarones del río Majes y el solterito, una ensalada fría de habas, queso y aceitunas.

Cómo organizar los días

Lo habitual es dedicar dos noches a la ciudad y salir después hacia el cañón. El circuito clásico de dos días duerme en Chivay, madruga para llegar a la Cruz del Cóndor y vuelve por la tarde; el de tres permite bajar a Cabanaconde y caminar sin prisa. Hay quien encadena Arequipa con Puno por carretera, cruzando el altiplano en unas seis horas, lo que ahorra un regreso y encaja bien antes del Titicaca. Si viene desde Lima, el vuelo dura poco más de una hora y es muy frecuente.

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