Perú es un país cómodo de recorrer si se entienden dos o tres cosas de entrada. Estas son las que ahorran más problemas.
Transporte
Los autobuses de larga distancia son el sistema nacional y hay categorías muy distintas. Las empresas de gama alta ofrecen asientos que se reclinan del todo, baño y servicio a bordo; merece la pena pagar la diferencia en trayectos nocturnos. Las distancias engañan: Lima–Cusco son más de veinte horas por carretera de montaña. Para tramos largos conviene volar; hay vuelos internos frecuentes y baratos si se reservan con antelación.
En ciudad, use aplicaciones de taxi en lugar de parar coches en la calle. Si toma un taxi de calle, acuerde el precio antes de subir, porque no llevan taxímetro. Los colectivos —furgonetas compartidas que salen cuando se llenan— son la forma local de moverse entre pueblos cercanos y funcionan bien.
Dinero
La moneda es el sol. Las tarjetas se aceptan en hoteles y restaurantes de ciudad, pero en mercados, buses locales, comunidades y entradas a sitios pequeños solo funciona el efectivo. Lleve billetes pequeños. Revise los billetes de 100 y 200 soles, porque circula falsificación; los cambistas de la calle con chaleco identificado son legales en Perú, pero conviene comparar el tipo antes.
Presupuesto orientativo por día, sin contar vuelos internacionales: mochilero entre 30 y 45 dólares, gama media entre 70 y 120, y a partir de ahí lo que se quiera. El tren a Machu Picchu y la entrada son el gasto puntual más alto del viaje.
Salud
No beba agua del grifo; embotellada o hervida. En altura, coma ligero los primeros días. Para la selva, consulte la vacuna de la fiebre amarilla con antelación. El seguro de viaje con cobertura de evacuación es especialmente recomendable si va a hacer trekking por encima de los 4.000 metros.
Seguridad
El problema real es el hurto, no la violencia. Precauciones normales de ciudad grande: no exhibir móvil ni cámara en zonas concurridas, mochila delante en transporte y mercados, nada de valor en el equipaje despachado. Evite caminar de noche por zonas apartadas de Lima y no acepte bebidas de desconocidos. Fuera de las ciudades, el país es tranquilo.
Idioma
El castellano se habla en todas partes, y el quechua y el aimara son cooficiales en sus regiones. En zonas rurales de la sierra mucha gente mayor habla quechua a diario. Cuatro palabras —allillanchu, sulpayki— abren muchas puertas.