Durante años Lima fue la ciudad donde se aterrizaba para irse cuanto antes a Cusco. Eso cambió. Hoy la capital sostiene una de las escenas gastronómicas más reconocidas del mundo y da para tres o cuatro días sin que sobre ninguno.
El ceviche se come a mediodía
Conviene saberlo antes de reservar: las cevicherías tradicionales trabajan con el pescado que ha llegado esa mañana y muchas cierran a media tarde. Un ceviche de noche es, casi siempre, mala señal. El clásico limeño lleva pescado blanco, limón, ají limo, cebolla roja, camote y choclo, y se acompaña de una copa de leche de tigre, el jugo de la maceración. Alrededor giran el tiradito, de corte japonés y sin cebolla, y la causa, una terrina fría de papa amarilla prensada con ají.
El mercado de Surquillo, frente a Miraflores, es el mejor sitio para entender de dónde sale todo aquello: decenas de variedades de papa, ajíes frescos y secos, frutas amazónicas como el camu camu o la lúcuma, y puestos de comida al fondo donde se almuerza muy bien.
Barranco y Miraflores
Barranco fue el balneario de la burguesía limeña de principios del siglo XX y conserva casonas de colores, el Puente de los Suspiros y una vida nocturna que no depende del turismo. Allí están también algunas de las galerías de arte contemporáneo más interesantes de la ciudad y el museo dedicado a Mario Testino.
Miraflores es más ordenado y más caro, con el Malecón corriendo sobre el acantilado que cae al Pacífico —seis kilómetros de parques con parapentistas despegando desde el borde— y la Huaca Pucllana, una pirámide de adobe preinca en mitad de un barrio residencial, iluminada por la noche.
El centro histórico
El casco antiguo, declarado Patrimonio Mundial, se organiza alrededor de la Plaza Mayor. El convento de San Francisco guarda una biblioteca de volúmenes antiguos y unas catacumbas con miles de huesos ordenados geométricamente. Cerca están la Casa de Aliaga, habitada por la misma familia desde 1535, y el Museo Larco, en Pueblo Libre, con la mejor colección de cerámica precolombina del país.
La garúa
Lima está en un desierto, pero de mayo a noviembre una niebla baja y persistente cubre la ciudad casi sin llover. No espere sol en invierno austral. El verano, de diciembre a marzo, es luminoso y caluroso, y es cuando las playas del sur se llenan.